11/11/06

La bella hermosura


Extracto de la libreta de Agüelo

En la escarpa oriental se apeó y guió el caballo por una cama de tierra roja. Los enebros achaparrados y las zarzas que crecían a lo largo del borde se inclinaban ante un viento que había cesado hacía rato. Se sentó al sol y contempló la región que se extendía al este, la amplia cornisa y el llano con la ciudad reposando en su centro, que antes había sido un lecho marino, y los pequeños campos roturados y el maíz nuevo verdeando en las antiguas tierras de sus antepasados, y los campos de trigo mecidos por la brisa, por donde habían pasado los sacerdotes y los soldados y caído en el barro una y otra vez sus antepasados. Más allá del llano contempló las cadenas de montañas, una sobre otra en brácteas de azul donde el terreno aparecía desgarrado de norte a sur, sierra y barranco, esperando como en un sueño que el mundo llegara a ser, que el mundo pasara. Vio un solitario milano, o quizás un halcón, colgando inmóvil de un elevado vector que el viento había elegido para él. Vio el humo de una locomotora pasar lentamente por la llanura a sesenta y cinco kilómetros de distancia, rumbo al interior del país.

10/11/06

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No entiendo muy bien porqué pero, este blog tiene una media de diez visitas al día. Últimamente ha bajado hasta las 6, Josek, Irene, Nena, mis dos personalidades y...quién eres lector anónimo? En cualquier caso, si sigues entrando te compadezco: es evidente que la calidad y cantidad de las últimas aportaciones desmerece mucho. Además el perro negro barrió todo el histórico en un ataque de nocturnidad lobuna. El único mérito que tiene este blog es que al perro negro le gusta escribir del tirón. Estimado compañero, haz clik aquí si entras, quiero ver si esto de la publicidad funciona. Así podré escribir más. El perro negro promete colgar más cosas, incluso a él mismo si hace falta. Muchas gracias queridos golletes y si funciona unas birras per tutti en el Agustín.

Invierno binocular

Aquella mantis me mira con sus ojos bipolares, desde el cristal ahumado por el vaho. Las flores blancas de los cerezos en flor. La luna persistente a las 11 de la mañana. El sol frío que quema sin calentar: me da en parte del brazo. Reconforta como los besos de mamá antes de dormir. Los mofletes de mis compañeros, subrayados con el permanent marker de Guilbert. La pista de basket, un mar de luz fría, porque está helada: el relente nocturno se ha hecho escarcha y la convierte en una improvisada e inesperada pista de patinaje que es nuestra delicia a primera hora. Con el otro ojo miro la tabla periódica, o algo así, que Don Franco pinta en la pizarra. Seguro que me pregunta. Ahí vá¡¡ Un rebaño de cabras marinea los olivos: comen de los tiernos brotes de noviembre. Ansío el recreo y las clases de flauta. Nunca llegan en días tan perfectos como hoy. La mantis se despliega movida por un extraño reloj, sus patas se mueven como los hilos de las cometas intentan safar las corrientes de aire. Hay algo de felinas en ellas: me engatusan, me envuelen como si...ZASSSSS¡¡ La tiza de Don Franco me estrella la cabeza. Por lo visto me ha preguntado 15 veces cuántos metros son 2,6 hectómetros "El tiempo pasa y el dolor tambié te enseña el camino" ZASSSSS "Tanto amar lastima, por la misma senda que el amor abrió la pena camina"...ZASSSSS

La lluvia de los días

La lluvia convertía la noche en una fiesta. Los niños podíamos andar de aquí para allá con el pijama y las botas de goma durante lo que durara la tormenta, con suerte, y si aguantábamos despiertos, hasta las claritas del día. En unos minutos era necesario construir una presa, para evitar la riada de lodo y de agua, sobre la casa, sobre los muebles, sobre la memoria de los libros antiguos de agüelo. En ese alboroto los niños éramos búhos, observando el ordenado caos de los mayores.

Una vez restalló un relámpago ante mis ojos, me cegó por minutos. Al abrir los ojos encontré a mis tías abuelas, cinco, y dispares, aunque evidentemente emparentadas, remangadas hasta las rodillas, mudando los muebles, de aquí para allá, como hormigas acuáticas, viejas y lunáticas.

Las tablas, enladrilladas y enyesadas con otras tablas, eran construcciones efímeras pero resistentes, con las que mi agüelo conseguía vencer el juvenil ímpetu de las aguas desquiciadas. En los días de lluvia de hoy, esos recuerdos de ayer se van horneando en la memoria del niño que sigo siendo, y la felicidad es total cuando puedo recuperar el exacto tono de su voz, o el aroma a tabaco de liar holandés, o las plañideras oraciones de agüela, reverberando interminablemente toda su superstición de una forma minuciosa y desesperada, esperando que los cielos y las aguas atiendan su concentración, que su miedo paralice la naturaleza, o que al menos la enternezca y deje de asustarla…Santa Bárbara Bendita, que en el cielo estás escrita, con papel y agua bendita…

Agüelo, mientras tanto, terminaba su labor de castor; casi siempre salvaba los muebles, a mis tías, a nosotros, sus viejos libros y mis cómics de Tintin, Asterix y Grandes Aventureros de la Historia. Estúpidamente luego dejé escapar ese legado: hoy día me duele más que cualquier otra pérdida o fracaso.

La lluvia me recuerda esas noches y esos cómics, el olor y el sonido de mi agüelo.

Black Dog is thinking about you

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